El dinero es un símbolo convencional creado por el hombre para intercambiar materiales que necesitamos para vivir. Pero en el correr de los tiempos históricos este símbolo se ha ido tergiversando, pasando a constituir el eje central de nuestras vidas, o sea ha pasado de ser un vehículo a ser el objeto del sentido de la vida.
Incrementándose esta significación en las diversas etapas de la humanidad y en nuestros tiempos a través de las políticas materialesitas del consumismo.
Sin embargo, desde un principio el sentido fue representar lo que las personas tenían en su posesión, llevar las vacas hasta el punto de negoción del trueque era dificultoso y conllevaba pérdida de tiempo y cuestiones extras que no justificaban lo obtenido a cambio, por lo tanto tallar la imagen de la vaca en una piedra resultaba más fácil a la hora de intercambiar. Allí donde se reunían, se exponían aquellas “monedas” para mostrar a los demás por ejemplo: “Tengo una vaca”
Luego las piedras fueran sustituidas por metal y así sucesivamente. Pero solo cambiaron los formatos, mientras que lo intrínseco siempre fue: “TENGO”.
"Tengo" como verbo conjugado en tiempo presente y seguido de un sustantivo: “Yo Tengo (hoy) una casa”, cuando no por un adjetivo: “tengo el mejor”. Cómo así en lo negativo: “no tengo casa”, “tengo lo peor”.
El caso es que si el dinero es el objetivo de la vida (sea por tenerlo, sea por no tenerlo) hemos resignificado, sin saberlo, “el tengo” por “el soy”.
